República Democrática del Congo vs Uzbekistán: el mercado se traga el anzuelo defensivo.
A veces parece que los algoritmos de las casas de apuestas se van a dormir la siesta antes de las jornadas clave. De cara al pitido inicial de este 27 de junio de 2026, 23:30 UTC, han mirado a la República Democrática del Congo y han decidido que el duelo será otro somnífero de trinchera.
Se aferran a esa imagen de equipo ultraconservador que sudó tinta para no ser vapuleado por Colombia y que le arrancó un empate a Portugal. Pero se les ha escapado un detalle minúsculo que cambia todo: a los congoleños ya no les sirve especular, porque necesitan ganar para clasificar.
El adiós definitivo al autobús congoleño
El técnico Sébastien Desabre ha tirado por la ventana la defensa de cinco que tanto tranquilizaba al mercado. La alineación confirmada para hoy incluye de inicio a Mbuku, Cipenga, Bakambu y Wissa: un auténtico arsenal de ataque totalmente desatado.
Ya no hay medias tintas ni ganas de guardar la ropa; el cuerpo técnico africano sabe que el empate es un pasaporte directo de vuelta a casa. Han sacado a toda su caballería para presionar y asfixiar a su modesto rival desde el primerísimo minuto.
Una zaga uzbeka que se desmorona ante la prisa
Del otro lado tenemos a un Uzbekistán muy pundonoroso, pero cuyas transiciones defensivas han sido un absoluto desastre. Cada vez que un oponente pisa el acelerador, la estructura trazada por Fabio Cannavaro se derrumba como un simple castillo de naipes.
Recibir cinco goles de Portugal y tres de Colombia dejó muy claro que defender con urgencia está lejos de ser su virtud. Aunque Fayzullayev y Shomurodov intenten fabricar magia arriba, sus compañeros de la línea de atrás sufren pánico escénico en cuanto el ritmo sube.
Físico y control para asegurar la supervivencia
La tremenda superioridad atlética de la medular de la RD del Congo es innegable. Cuentan con defensores con pedigrí de Premier League como Mbemba y Wan-Bissaka, que son auténticos especialistas en absorber los contragolpes sin perder la calma.
Una vez que los congoleños logren desarmar la frágil resistencia uzbeka y se pongan por delante, probablemente bajarán la persiana. Simplemente dejarán que el cronómetro agote las esperanzas asiáticas, asegurando su billete sin necesidad de hilar una goleada histórica.










