Argentina vs Argelia: La victoria de la burocracia sobre el espectáculo.
Arranca el Mundial para la Albiceleste este 17 de junio de 2026, 01:00 UTC, y las casas de apuestas ya están repartiendo matracas y confeti. Al ver el nombre del campeón vigente, los mercados han tirado una línea perfectamente equilibrada, asumiendo que el partido inaugural será una oda al fútbol total. Es enternecedor ver tanta fe ciega en el espectáculo. Se olvidan, con una ingenuidad casi poética, de que la selección argentina en modo torneo no es ninguna comparsa de carnaval, sino un sensato ministerio lleno de pragmáticos burócratas.
El arte de ganar al trote y sin lateral izquierdo
En el guion de Lionel Scaloni, la épica y el vértigo se guardan bajo llave para la final. Tan pronto como cae el primer gol a su favor, el partido se transforma en un interminable y soporífero ejercicio de dar pases en el círculo central hasta desquiciar al oponente. A esta natural actitud de control institucional de la campeona, hay que sumarle una incomodidad táctica: la dolorosa baja de Nicolás Tagliafico.
Sin su único lateral zurdo natural en la convocatoria, el cuerpo técnico tendrá que parchear el carril con Facundo Medina o Lisandro Martínez. Gran rigor atrás, sí, pero ninguno de los dos te va a aportar una amplitud abrumadora para ensanchar defensas. Menos desdoblamientos por banda significa un bloque más estrecho y una circulación horizontal. Si a eso añadimos que Julián Álvarez, pieza clave de la presión asfixiante, no llega con el depósito lleno tras su problema de tobillo, tenemos la tormenta perfecta para el juego posicional sin riesgos.
Un autobús africano con los frenos bien puestos
Por otro lado, si los argentinos no corren, Argelia corre pero hacia su propia área. Los pupilos de Vladimir Petkovic no han cruzado el planeta para servir de figurantes voluntarios en los vídeos de mejores jugadas de Messi. Su verdadero Mundial arranca en las próximas jornadas frente a Austria y Jordania, equipos de su liga. Frente al campeón, proteger la diferencia de goles es una estricta cuestión de supervivencia matemática.
Frente a la poderosa Uruguay, Argelia ya ensayó su receta del aburrimiento táctico firmando un valiosísimo cero a cero. Apoyándose en el liderazgo defensivo de Ramy Bensebaïni, una nutrida guardia pretoriana de hasta cinco hombres atrás y el dulce estado de forma de Luca Zidane bloqueando de todo frente a Países Bajos, los norteafricanos montarán un campamento en su última línea. Petkovic no quiere un tiroteo abierto; su plan pasa por la supervivencia silenciosa.
La trampa del hándicap frente a la lógica del marcador corto
Algunos ilusos podrían sentir la tentación de cobijarse bajo el hándicap positivo argelino, soñando con un empate de proporciones bíblicas. Mala jugada. Los argentinos son cirujanos matriculados en la especialidad médica del triunfo por dos a cero. Es una gestión que despachan con la misma cara de aburrimiento con la que uno paga un peaje de autopista.
Un rutinario y predecible dos a cero hace estallar en pedazos la esperanza de esa ventaja de hándicap, pero encaja como un traje a medida en nuestra predicción de límite de goles. No prendan bengalas ni esperen una goleada estrepitosa de videoconsola; acomódense para observar un trámite funcionarial donde Argentina sella su triunfo, baja la persiana del estadio puntualmente y se ahorra energías físicas para el resto del torneo.









