Bélgica y Egipto se preparan para un festival del aburrimiento táctico.
Las casas de apuestas a veces tienen una imaginación altísimamente optimista. Para este estreno en la fase de grupos del Mundial, nos han dibujado unas cuotas que sugieren un intercambio de golpes trepidante, casi como si esperaran un partido de tenis de mesa. Lástima que se hayan olvidado de revisar las convocatorias y de leer los manuales tácticos de ambos seleccionadores. Lo que nos espera este 15 de junio de 2026, 19:00 UTC en Seattle no es un festival ofensivo, sino un máster en atasco posicional.
El elefante ausente en el área belga
Bélgica aterriza con su clásico cartel de favorita y un centro del campo que sabe tratar muy bien la pelota. Sin embargo, hay un pequeñísimo detalle que arruina cualquier fantasía de goleada abultada: Romelu Lukaku está entre algodones y arrancará el partido en el banquillo. Sin su presencia, el ataque de los "Diablos Rojos" pierde casi toda su capacidad de intimidación física dentro del área.
Ya tuvimos un avance de esta película cuando los belgas se toparon con el muro de Macedonia del Norte y terminaron en un exasperante empate sin goles. A este equipo le fascina amasar el balón, moverlo de lado a lado y dominar la posesión de forma casi enfermiza. Pero si le quitas a su tanque de referencia, ese dominio se vuelve completamente estéril. Doku intentará romper por banda, claro que sí, pero sin alguien que fije a los sufridos centrales rivales en la caja, abrir el cerrojo será una tarea titánica.
El muro egipcio y la soledad del farón
En el bando contrario, el plan de Hossam Hassan no sorprenderá a nadie. Egipto va a plantar su clásica doble línea defensiva bien juntita en un 4-3-3 de hormigón armado, rechazando la iniciativa con gusto. Ya demostraron que son especialistas en arruinarle la tarde a selecciones dominadoras, como cuando le sacaron un empate a cero a España. A base de pragmatismo y puro cemento táctico, buscarán sobrevivir.
Para rizar el rizo de la inoperancia ofensiva, los egipcios acuden al torneo sin su delantero centro principal, Mostafa Mohamed. Sin la única pieza que sabe jugar de espaldas y oxigenar al equipo mediante el juego directo, las aspiraciones de Egipto en ataque se reducen a rezarle a los contragolpes de Mohamed Salah o a las galopadas de Marmoush. Si a este combinado de posesión belga inofensiva y cerrojo egipcio total le sumamos el fuerte calor previsto en Seattle, el resultado es un partido abocado a un ritmo espeso y pausado. Jugar al despiste con las líneas defensivas es una cosa, pero inventarse goles donde no hay delanteros puros es ciencia ficción.








