Portugal vs España: por qué la 'final anticipada' no admite goleadas

Hay partidos que el sorteo coloca donde no deberían estar, y este es uno. Portugal contra España en octavos, con el aroma de una final que llega, como dicen en Madrid, demasiado pronto.
Dos técnicos coincidieron en el diagnóstico: Martínez lamentó que no sea la final; De la Fuente directamente la llamó «una final». Cuando ambos vestuarios usan esa palabra, algo tiene el duelo.
Y sin embargo, la casa se ha decantado con nitidez por España, tratando a Portugal casi como comparsa. Ahí es donde levanto la ceja con la cortesía del que ha leído demasiadas veces el mismo guion.
El recital que engaña
El 3-0 a Austria fue una exhibición, sí. Oyarzabal en modo francotirador, Lamine generando ansiedad, Cucurella y Porro abriendo el campo. Un cuadro precioso para enmarcar.
Pero el mismo cuadro esconde otra España, la que sudó un 1-0 raquítico ante Uruguay cuando el partido se puso físico, con gol de rebote incluido. Y la que empató a cero contra Cabo Verde en el estreno, incapaz de romper un bloque bajo.
Esa España existe tanto como la del recital. Y Portugal, conviene recordarlo, es bastante mejor que aquel Uruguay.
El margen que argumenta solo
La distancia real de nivel entre estas dos plantillas es un error de redondeo. Portugal tiene laterales de élite, un banquillo que acaba de sacarse un gol en el descuento y esa pegada individual que convierte un 0-1 en un manicomio.
Leão conduciendo, Bruno filtrando, Ronaldo y Gonçalo Ramos merodeando el área. Con ese repertorio, un equipo se mantiene a un gol incluso en una mala noche.
Y hablamos de una selección que ha encajado exactamente un gol en cuatro partidos de torneo. Para que la fora +1,5 caiga, España debe ganar por dos claros a semejante rival: la excepción, no la regla.
Por qué no otra cosa
Se puede mirar a España al signo, justa pero de valor magro, y exige una victoria que no me atrevo a financiar. El Menos de 2,5 tienta con dos equipos de posesión, pero el banquillo del caos portugués lo convierte en cara o cruz.
Prefiero el terreno donde el colchón habla por mí: Portugal solo necesita no perder por dos. La casa ha tasado una comodidad española que este cruce rara vez entrega.




















