Paraguay vs Francia: la trampa está en el margen

Paraguay y Francia se citan en los octavos de final del Mundial 2026, el 4 de julio de 2026, 21:00 UTC. Sobre el papel manda Francia; sobre el césped, Paraguay intentará que cada metro cueste como subir una cuesta con botas mojadas.
El favoritismo francés es evidente y no hace falta disfrazarlo. Mbappé, Barcola, Olise y Dembélé o Doué ofrecen una variedad de amenazas que obliga a cualquier defensa a dormir con un ojo abierto.
La cuestión, sin embargo, no es si Francia es mejor. La cuestión es si el partido está tan servido para una victoria amplia como parece sugerir la línea, y ahí es donde el asunto empieza a oler a encerrona.
Paraguay sabe bajar el ritmo sin pedir permiso
El equipo de Gustavo Alfaro viene de eliminar a Alemania con un plan muy reconocible: bloque bajo, paciencia, oficio y una fe enorme en Orlando Gill. No fue un golpe de suerte caído del cielo, sino una forma de competir llevada al límite.
Paraguay no va a invitar a Francia a un partido de ida y vuelta, porque eso sería dejar la puerta abierta y luego preguntar quién ha entrado. Lo suyo será juntar líneas, cerrar pasillos interiores y obligar al favorito a cocinar a fuego lento.
El regreso de Diego Gómez es una noticia importante para ese guion. Con Andrés Cubas sosteniendo la medular y Gómez aportando control y salida, Paraguay gana una pieza clave para no vivir únicamente de despejes y plegarias.
Almirón y Galarza tendrán mucho trabajo por fuera, tanto para tapar como para lanzar alguna contra. Arriba, Enciso y Ávalos llegan tocados, pero si pueden competir, dan a Paraguay ese primer apoyo que permite respirar diez segundos más.
Francia pierde un seguro silencioso
La baja de Tchouaméni no convierte a Francia en un equipo vulnerable de repente, claro está. Pero sí le quita una pieza de disciplina posicional justo en un partido donde las pérdidas y las vigilancias pueden decidir el tono.
Manu Koné aporta conducción y energía hacia delante, aunque no ofrece exactamente el mismo ancla. Contra un rival que espera poco y corre cuando puede, esa diferencia puede ser pequeña en el papel y muy molesta en la hierba.
Deschamps mantiene una estructura poderosa, con Maignan, Koundé, Upamecano, Saliba y Digne dando base a una selección superior. Pero abrir un bloque paraguayo bien plantado exige algo más que talento: exige paciencia, precisión y no frustrarse.
Si Francia marca pronto, el encuentro puede abrirse y ahí su ataque mete miedo de verdad. Pero si el primer gol tarda, Paraguay se sentirá cada vez más cómodo en ese partido áspero donde el reloj también defiende.
Por eso el hándicap positivo paraguayo encaja mejor que perseguir una sorpresa total. Francia puede pasar, incluso ganar, pero hacerlo con autoridad amplia ante un rival tan incómodo no parece el camino más natural del cruce.
La casa compra con entusiasmo el relato de una Francia arrolladora. Yo compro más bien una historia con barro, contactos, centros repelidos y algún contraataque paraguayo recordándole al favorito que esto no es un desfile.





















